Primera y especial manifestación de prostitutas en Madrid
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Una manifestación especial

Primera Manifestación de prostitutas en Madrid

El martes día 19 de febrero de 2002 muchas mujeres compartimos un momento de alegría, de esperanza, de solidaridad, de atrevernos a desafiar a la moral dominante, de saber que “juntas, podemos”, manifestándonos codo con codo. Muchos ojos, demasiados, sonreían a través de máscaras de cartón. Y es la mirada de esos ojos sonrientes lo que permanecerá por mucho tiempo en nosotras. Se trataba de la celebración de la primera manifestación de prostitutas organizada en el Estado español, concretamente en Madrid, que se abría con la pancarta: “Por una convivencia tranquila. Las prostitutas tenemos derechos. ¡Negociación ya!” Alrededor de 500 personas se situaron detrás de ella.

Desde hacía algunos meses los vecinos y vecinas de la zona centro habían protestado por las molestias que les ocasionaba la prostitución callejera en las entradas a sus casas y a sus tiendas. Otros, los menos, habían optado por los insultos y las humillaciones a las mujeres. Desde el Colectivo Hetaira y Agrupación Montera llegamos con ellos a unos mínimos acuerdos para tratar de lograr una mejor convivencia entre vecindario y prostitutas. Conflictos los hay y formas de solucionarlos también.

Entre otras cosas, pensamos que la degradación de la zona centro se debe a situaciones de todo tipo (tráfico, obras, fincas que necesitan rehabilitarse, suciedad…) y no sólo al ejercicio de la prostitución. Además pedimos al Ayuntamiento de Madrid (nuestro primer objetivo para manifestarnos) que asista a las convocatorias del Foro municipal expresamente creado para tratar todos los asuntos relacionados con la prostitución. Porque el espacio público debe ser negociado en pie de igualdad por todos los sectores en conflicto y el Ayuntamiento tiene el deber de facilitarlo.

Las promotoras, tanto de las reuniones como de la manifestación, fueron las mujeres.

La inmensa mayoría ecuatorianas, que trabajan en la calle de la Montera y que han formado su propia organización, Agrupación Montera. Junto a ellas, el Colectivo Hetaira, en Defensa de los Derechos de las Prostitutas y las trabajadoras del sexo de otras zonas de Madrid (calles de la Ballesta, Desengaño, Casa de Campo, Capitán Haya…) Y quizá este haya sido, sin duda, uno de los mayores éxitos de la convocatoria, el hecho de que mujeres de diferentes zonas de trabajo y con situaciones dispares (en nacionalidad, edad, sexo biológico, color de piel…) se hayan unido para gritarle al mundo que ellas también tienen derechos.

Escribía Marina Mayoral en un diario gallego: “Por lo que se refiere a la opinión de las propias interesadas, o sea, lo que opinan las prostitutas, podrían preguntarle a los detenidos o prisioneros qué prefieren: si una tortura legalizada o sin legalizar”. Es una pena que no asistiese a la manifestación, porque entre otras cosas habría escuchado consignas como: “Ni víctimas, ni esclavas, nosotras decidimos”, “Compañeras unidas, esta es nuestra vida”. Podría haber conocido a alguna de estas estupendas mujeres, podría haberse abierto de orejas y, estoy segura, podría haber aprendido muchas cosas y haber dejado algún que otro prejuicio tirado en las aceras de la calle de la Montera.

Muchas mujeres aparecieron con máscaras por decisión propia. Algunas eran prostitutas y otras no. De nuevo hicimos palpable las diferencias y las semejanzas. Todas somos mujeres y a todas se nos denomina “putas” cuando nos salimos del correcto camino de nuestra sexualidad. El 19 de febrero todas fuimos “malas chicas”.

Pero además las máscaras de cartón tenían un doble sentido. Por un lado, era suficiente que alguna de ellas estuviera dispuesta a “dar la cara”. Generalmente mujeres que no tienen problemas de “papeles” o de descubrirse ante sus familias. El que algunas diesen la cara, significaba que el resto confiaba en que ellas pudieran ser su altavoz. Y eso significa estar organizadas.

Tras la manifestación en Madrid se ha conseguido algo muy interesante: nadie se va a atrever a mirar por encima del hombro a ninguna prostituta, han conseguido alzar su voz y que el resto de la sociedad piense en ellas como seres humanos iguales a los demás, seres humanos que necesitan que se les reconozcan sus derechos. Ha sido una actuación muy valiente por su parte. Casi todos los colectivos que han sido marginados por sus opciones sexuales, gais, lesbianas, transexuales… han pasado por el mismo proceso, de dar la cara, de enfrentarse a la sociedad y de decir “soy puta y quiero todos los derechos también para mí”.

Detrás de la prostitución está el sexo y a la sociedad le asusta todavía hablar claramente de sexualidad. Siempre que se habla de prostitución se acaba hablando de moralidad, de la forma de vestir de las mujeres y de conceptos vinculados a la sexualidad de cada una. A muchas personas les asusta la autodeterminación sexual de estas mujeres que deciden cobrar por mantener relaciones sexuales. Es miedo a que las mujeres decidan qué hacer con su cuerpo, sean o no prostitutas.

Hay una pregunta recurrente que se nos hace a menudo y que tiene que ver con las formas de vestir de quienes ejercen y los niños y las niñas que se las encuentran cada día. Pues bien, las prostitutas también son madres y saben lo que significa pasear con sus hijos donde hay prostitución. En general suelen ser mujeres muy sensibles con este tema. Pero a nadie se le ocurre pensar o dar por hecho que las prostitutas son también madres. Buenas madres. En la actualidad los niños ven sexo en la televisión, junto a sus padres, y no suele ocurrir nada. Lo que los críos y crías necesitan es una buena educación sexual y no una mentalidad puritana a su lado.

Ahora entramos en otra fase, la fase del necesario debate para ser capaces de dilucidar sobre cuál será la mejor regularización para las trabajadoras y los trabajadores del sexo. En cualquier caso, siempre será imprescindible contar con su opinión, con su voz. Y ellas han demostrado, con esta primera manifestación, que están deseando trabajárselo.

marzo, 2000 |Categories: Artículos de Hetaira|