Hetaira es un nombre de mujer
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Hetaira es un nombre de mujer

Flor Cabrera para la revista La incolora, asociación vecinal de Villaverde (Madrid)
Marzo de 2011

Nació Hetaira del entendimiento entre un grupo de mujeres;  unas,  provenientes del feminismo; otras, del mundo de la prostitución y todas, con una inquietud común: hacer visibles a las mujeres que ejercen prostitución y que su voz sea escuchada.  Una alianza entre mujeres para intentar que no se hable en su nombre; que se les escuche; que no se les criminalice por la actividad que ejercen; que no se les estigmatice.

Nuestro Colectivo tiene ya una historia de dieciséis años. Una historia de lucha y defensa de los derechos de las trabajadoras del sexo. El recorrido de estos años ha sido costoso, en muchos momentos. Difícil el camino, lleno de obstáculos, que tienen más que ver con una sociedad rebosante de prejuicios morales que con un pensamiento generoso y abierto. Pero también hay que sumarle un sinfín de cosas aprendidas;  vivencias impagables; experiencias gratificantes.

Porque nuestra actividad en Hetaira se sustenta en tres pilares: el trabajo con las profesionales del sexo; la difusión de nuestras ideas entre la sociedad y la relación con los medios de comunicación y con las entidades oficiales.

Y en realidad, el trabajo que más gratifica es el que se hace con las mujeres.  Las mujeres con las que charlamos,  a las que escuchamos, las que nos escuchan, con las que  reímos o nos apenamos. Complicidad y confianza que se crean cuando te acercas despojada de prejuicios y de verdades absolutas.  Porque esos “objetos humillados en manos de los perversos y viciosos prostituidores” son, en muchos casos, sujetos valientes que afrontan los reveses de su vida con decisiones autónomas.  Porque esas “malas mujeres” son, sobre todo, madres cariñosas que sufren cuando sus hijos enferman y no pueden estar a su lado; ciudadanas y vecinas de nuestros barrios; amantes estupendas;  que saben que tienen que salir adelante con sus propios medios.

En Hetaira no cuestionamos cómo una persona adulta decide ganarse la vida – siempre que no perjudique a otros-. Somos conscientes, eso sí, de las muchas dificultades que supone hacer este tipo de trabajo; de las circunstancias  diversas que confluyen en las vidas de las prostitutas. La diversidad de situaciones en el ejercicio de la prostitución es tan amplia y heterogénea como la variedad de personas que la ejercen (mujeres; hombres; transexuales). Y en esa variedad queremos distinguir, por supuesto, la prostitución voluntaria de la prostitución forzada. Y pedimos derechos para todas.

Nuestros gobiernos deben garantizar los derechos de las víctimas; pero sin olvidar los de las mujeres autónomas. Pedimos que a las víctimas de trata se les brinde protección y seguridad para que puedan denunciar sin riesgos. Queremos saber qué ocurre con las mujeres después de una redada, qué medios se les facilitan, en qué  condiciones quedan. Pero, así también exigimos que no se deje en el olvido y la desprotección a las personas que trabajan de forma voluntaria, tanto por cuenta propia como ajena y, sobre todo, para aquellas que contactan con sus clientes en la calle, a quiénes algunos ayuntamientos penalizan con ordenanzas mal llamadas “de convivencia ciudadana”. Que se escuche su versión, no la de quiénes se empeñan en hablar en su nombre; que se les tenga en cuenta; que se les visibilice aunque resulten incómodas.

 

marzo, 2011 |Categories: Artículos de Hetaira|