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Evelin Rochel contra el Grupo Empresarial La Florida, S.L.

Club de alterne

Este juicio es muy importante, para Evelin, para Hetaira, para todas.

El 16 de marzo, a las 9:30, tendrá lugar el juicio de la trabajadora del sexo Evelin Rochel contra el Grupo Empresarial La Florida, S.L. (el Club Flowers, sito en Las Rozas, Madrid) en el que se reclama de los órganos judiciales la tutela de los derechos fundamentales a la dignidad, a la integridad física y psí- quica y a la intimidad de la trabajadora, derechos todos ellos que entendemos se han menoscabado por parte del mencionado club durante los 15 años en que Evelin prestó servicios para ellos. El Colectivo Hetaira acompaña en su denuncia a Evelin Rochel, prostituta, de 41 años, de nacionalidad colombiana, que trabajó como captadora de clientes/camarera de alterne y ejerció la prostitución en diferentes clubes del mismo grupo empresarial desde hace ya 15 años. Evelin vivía en la habitación 113 del Club Flowers, por la que pagaba 90 euros al día (más los gastos en toallas y sábanas). En el mismo club trabajaba como camarera de alterne y, además, ejercía la prostitución en su habitación. El conflicto laboral se remonta a finales de 2016, cuando los propietarios del club decidieron “unilateralmente” endurecer las condiciones laborales: las mujeres solo pueden ausentarse una hora para comer, previa petición de un ticket azul, que automáticamente te asigna la hora en que debes hacerlo; el club decide bajar el número de horas de la empresa de limpieza y exige a cada mujer la limpieza de la habitación tras cada servicio con un cliente; y se convierte en tarea de las mujeres el cobrarle al cliente cinco euros extra por cada media hora más de uso de la habitación (si se les olvida, lo ponen las trabajadoras de su propio bolsillo). A Evelin las nuevas condiciones no le parecieron justas, así que reunió a todas sus compañeras, unas 50, y pidieron a la encargada hablar con el jefe. El jefe aceptó hablar con ellas y desistió de incorporar las nuevas normas (aunque sí las aplicaba a las chicas nuevas). Pero Evelin ya estaba en el punto de mira. Una discusión con un cliente fue el siguiente detonante y la excusa perfecta para que el propietario la “invitara” a marcharse a mediados de febrero de 2017. Pero ella se atrincheró en la habitación en la que vivía durante una semana, viviendo varios episodios de conflicto con la Guardia Civil y sus propias compañeras. A Evelin, abandonar el club le suponía abandonar también el espacio en el que vivía. Esto es lo habitual en la prostitución. Algo impensable en cualquier otra actividad económica. Además de quedarse sin trabajo y sin vivienda, su despido no vino respaldado por un finiquito, una indemnización o el derecho al paro. Por todos los años ejerciendo la prostitución en los clubes de las mismas personas, nunca nadie cotizó por ella a la Seguridad Social. Durante su encierro, Evelin trato de abonar el precio de su habitación, pero el club le anulo la posibilidad de hacerlo. No pudo abonar el precio ni automáticamente (a través de una máquina que expende un ticket) ni tampoco pagando en metálico. Ante la posibilidad de que la echasen por no pagar la habitación, Evelin llamó a la Policía para informar y los agentes le dijeron que no valía la pena denunciar al dueño porque iba “a quedar en nada”. La situación vivida por Evelin no nos resulta ni novedosa ni extraña: es lo habitual. Por este motivo, porque conocemos las condiciones abusivas que se dan en el ejercicio de la prostitución (en relación a terceros) venimos denunciándolo desde hace tiempo y exigiendo derechos laborales para profesionales del sexo. Desde hace unos años, y para “sortear” la Inspección de Trabajo, los propietarios de clubes de alterne siguen su propia estrategia para no tener que dar de alta a las profesionales como “camareras de alterne”. La orden es clara y precisa: no se abonan comisiones por las consumiciones que las trabajadoras propician que el cliente se pida en la barra y no se pueden acercar a ningún cliente a menos que éste haya encargado ya alguna consumición en la barra del local, con el fin de que el cliente tenga forzosamente que consumir para poder acceder a los servicios sexuales de las trabajadoras. Los propietarios de clubes ganan, las y los profesionales del sexo continúan sin derechos laborales y, supuestamente, sin relación laboral con un empresariado que impone sus propias condiciones laborales empeorándolas cada día más. En definitiva, Evelin tuvo que abandonar el club días más tarde escoltada por agentes de la Guardia Civil, pero nunca se planteó tirar la toalla. Por eso decidió ir a juicio y poner toda esta situación en conocimiento de los medios de comunicación. Lo hace por ella y por todas las personas que están trabajando por cuenta y para beneficio de terceros sin ningún derecho.

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marzo, 2018 |Categories: Actividades, Actualidad|